Porno para fantasmas II: La promesa

La historia sigue a Jania, una joven argentina residente en México que se dedica al cine erótico, aunque ella prefiere verlo como un "performance artístico" inspirado en temas oscuros y rituales (como el mito del Wendigo).

Natalia Gómez

12/20/20254 min read

Con un vestido negro, ligeramente transparente, con cuello y puños blancos y enormes que contrastaban en formalidad con la cinturilla bondage, Jania se sentó en el sillón gris del set y ayudó acomodando su gruesa corbata negra para que le colocaran el micrófono. Cruzó las piernas y preguntó a los de iluminación si podían verificar que su vestido no transparentara demasiado.

—Quiero ser sugerente, no vulgar —les explicó.

Un asistente le acercó una tablet con una fotografía; el resultado le gustó. Llevaba los ojos delineados, pero los labios de pintados de rosa claro. Una maquillista se acercó para ponerle polvo.

El Desencriptador, personaje que se había hecho famoso por su canal de YouTube de entrevistas a otros creadores, aseguraba que conseguía respuestas 100% reales en sus entrevistas. La saludó de mano con una mezcla bien aprendida de distancia y educación para que los invitados no se sintieran intimidados.

—Jania, tú definitivamente la estás rompiendo. En solo un par de años, parece que te has convertido en la creadora de contenido erótico más famosa de México.

—Muchas gracias, pero no lo creo, sigo siendo alternativa, me parece.

—¿Y cómo sobrellevas las críticas por no ser mexicana?

—Son incómodas, sobre todo porque yo amo mucho este país. Llegué desde hace varios años y lo siento mi hogar. Ha sido una plataforma extraordinaria para mi trabajo y un lugar divino para vivir. Me encanta México.

—Pero, dado a lo que te dedicas ¿por qué no fuiste mejor a Estados Unidos?

—Es que, creo que hay un malentendido aquí. Yo no salí de mi país con el objetivo de hacer cine erótico. Tuve que migrar por motivos personales, ¿sí? Y gracias a mis inquietudes artísticas, empecé a hacer películas. Mi trabajo no es pornografía; sí lo hubiera querido, en ese caso, sí me hubiera interesado buscar oportunidades en Estados Unidos. Aunque creo que las productoras de cine para adultos ya no son un monopolio.

—Sin embargo, antes de hacer películas, vendías contenido sexual “tradicional” ¿correcto?

—Pues claro, te mentiría si dijera que estudié cine. Todos empezamos de la manera en que la vida nos da las oportunidades… o que las buscamos. Yo, por ejemplo, siempre he tenido una curiosidad natural por aprender ¿viste?, amo leer, escribir guiones, inventar historias.

—Y ¿por qué no has querido trabajar con SEXMEX, por ejemplo?

—Porque ellos hacen pornografía, clásica pornografía, todos los clichés y estereotipos. ¡Me van a funar por esto! No quiero criticar los gustos de nadie, para todos los públicos hay. Pero mi trabajo lo veo más como un performance.

—Pero es un performance bastante explícito, no puedes negarlo. Es pornografía, muy artística y lo que quieras, pero es porno.

—No es porno…

—Amiga, seamos honestos: ¿con qué fin crees que tus seguidores ven tus videos?

Jania se quedó en blanco, sin saber cómo responder. El entrevistador, hábil, lanzó otro ataque, pero en forma de salvavidas o de anzuelo:

—O dinos... ¿cuál es tu meta? ¿Planeas irte al cine comercial o tal vez tener tu propia productora de cine para adultos?

Pero Jania seguía confundida; le ardían las mejillas. Claro que había sido una camgirl, ese era su pasado y era tan reciente que no tenía sentido negarlo. Pero respecto a su futuro, no lo sabía. En realidad, no sabía hacia dónde se dirigía. Confiaba en que tenía que haber un camino nuevo, solo para ella, pero no sabía cómo decirlo sin que sonara ingenuo. Estaba tensa, acalorada. No disimuló el enojo en su mirada y el Desencriptador, que identificaba cuando sus entrevistados estaban molestos, le invitó a hacer una pausa.

—Hace mucho calor aquí adentro. Hagamos un break, ¿quieres algo más de beber?

—No —dijo, levantándose y quitándose los audífonos, de manera tan torpe que se le enredaron en el cabello, haciéndola sentir aún más molesta y humillada—. Ya me voy.

—Todavía no terminamos la entrevista.

—Se cancela la entrevista.

—Mira, Jania, que te vayas, no cancela el contenido que yo estoy elaborando, igual voy a hablar de cómo te comportaste, así que tú dirás.

—No tienes derecho...

—Claro que sí, guapa, no te firmé ninguna confidencialidad. Es el problema de las putas como tú: están tan desesperadas por lucirse que jamás firman nada, ven una cámara y corren a quitarse los calzones.

—Eres un estúpido.

—Y tú una niñita tonta, ¡por favor! Hay miles como tú haciendo lo mismo. ¿Crees que porque eres más joven y supuestamente novedosa estás haciendo algo relevante?

Su cuerpo temblaba por la rabia, pero sabía que, hiciera lo que hiciera, tenía todas las de perder. Tratando de recuperar su dignidad, salió en silencio.

***

Jania miró su reflejo. Con una toalla húmeda, frotó las partes de su frente manchadas de tinte negro. Odiaba teñirse ella misma, pero ya había gastado demasiado en su vestuario para el próximo video y aún estaba endeudada por la utilería y el maquillaje de los últimos tres. No sabía que le molestaba más en ese momento: su tez demasiado bronceada para el tono de cabello elegido o que el negocio no le estaba resultando tan redituable como ella esperaba.

Sonó su celular y vio en la pantalla un número desconocido. Lo dejó pasar, pero a los pocos minutos se arrepintió. Por la hora, ya era demasiado tarde para que fuera un telemarketing ofreciéndole una tarjeta de crédito, y era más probable que fuera un potencial cliente o un bloguero en busca de colaboraciones. Pensando que lo único que le calmaría los nervios era ponerse a trabajar, se llevó la laptop a la cama y abrió su correo.

En su bandeja había un mensaje firmado por la "Skotos Films", pero sin ninguna firma o nombre. Después de dos párrafos de halagos sobre su trabajo, la invitaban a una reunión de negocios. A Jania le pareció un timo, hasta que vio que la cita era en uno de los edificios más famosos de la capital. No había teléfono, ni nombre, nada; solo una fecha: el 30 de junio, entre las 11 y la 1 de la tarde, y la aclaración de que la discreción era fundamental.

“Disculpe que no le podamos dar más detalles por el momento. Esta productora maneja todo de forma confidencial, pero estando aquí le daremos toda la información que usted necesitará y le presentaremos al equipo en México con el que esperamos acepte trabajar.”

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